La canción comenzó con un estridente mi menor, pasando rápidamente a su
relativa mayor (sol mayor) para luego desenvolverse en una melodía muy
contradictoria, no podías decir si se trataba de una melodía alegre o de una
melancólica, si uno conocía la letra de la canción de la que provenía
entendería el porqué de esta dualidad; se trataba de la confesión de una chica
que no sabía lo que sentía, en ocasiones se sentía feliz, pero luego muy
angustiada, ella sabe porque y cuando lo confiesa mero en el estribillo uno no
sabe si lo hace como reproche o como agradecimiento, pero antes de llegar ahí la
melodía es igual de deliciosa. Muy juguetona en los primeros compases, muy dubitativa
en los subsecuentes, con el piano reemplazando las trompetas se acentuaba lo lastimero
del trasfondo, y te hacía añorar más de ese sentimiento, que te hacía sufrir,
pero al mismo tiempo te colmaba de dicha; las cadencias se anunciaban, llegaron
y se repetían, el coro era inminente, y finalmente llegó; la forma en la que se
jugaba con la melodía era para arrancarse los cabellos con las manos, pasaba de
mi menor a sol mayor a cada rato ¿qué diablos quería expresar?, ¿era alegría?,
¿era tristeza?, ¡¿cómo diablos te sientes?! ¡DECÍDETE!, ¡ambas emociones
quieren filtrarse en mi corazón, ninguno cabe y como resultado experimento una sofocante
mezcla de ambos! El fragmento termina con una frase que formula una clase de
deseo, y luego vienen varias cadencias que celebran este acto; la canción
termina, se toca el terminante acorde resolutivo, pero realmente no se resolvió
nada, ninguna emoción predominó y terminas deseando más, no que una triunfe
sobre la otra, simplemente saborear más de esa lucha hasta donde tu vida te
permita hacerlo.