viernes, 18 de septiembre de 2015



Fausto miró fijamente a Patricia, le sujetó los cachetes con una sola mano, la acercó rápidamente a él e introdujo sus labios en la cavidad que se había formado en su boca. En los instantes que duró el beso Fausto elucubraba en lo sensibles que son los labios, ¿era posible que tuvieran tanto sentido del tacto como las manos?, no, seguro tenían más, con ellos se podrían palpar las cosas mucho mejor que con los dedos; fue chistoso comprobar cómo se sentían los labios usando precisamente los labios, eran muy suaves, tanto que era como recostarse verticalmente en un muro de nubes, lo que predominaba en sus sentidos después de esa sensación era el dulce aroma del rostro de Patricia, ¿por qué las chicas siempre huelen bien?, honestamente, podría acostumbrarse a eso, finalmente estaba el intercambio de calor entre sus rostros, era evidente que el suyo estaba más frío que el de ella, Fausto se preguntaba cuánto tiempo tomaría que sus cuerpos entraran en equilibrio térmico manteniéndose en contacto sólo de esa forma. No te tenía mucha experiencia besando, podía saberlo cuando llegó a sentir los incisivos de la joven.

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