Fausto miró fijamente a Patricia, le
sujetó los cachetes con una sola mano, la acercó rápidamente a él e introdujo
sus labios en la cavidad que se había formado en su boca. En los instantes que
duró el beso Fausto elucubraba en lo sensibles que son los labios, ¿era posible
que tuvieran tanto sentido del tacto como las manos?, no, seguro tenían más,
con ellos se podrían palpar las cosas mucho mejor que con los dedos; fue
chistoso comprobar cómo se sentían los labios usando precisamente los labios,
eran muy suaves, tanto que era como recostarse verticalmente en un muro de
nubes, lo que predominaba en sus sentidos después de esa sensación era el dulce
aroma del rostro de Patricia, ¿por qué las chicas siempre huelen bien?, honestamente,
podría acostumbrarse a eso, finalmente estaba el intercambio de calor entre sus
rostros, era evidente que el suyo estaba más frío que el de ella, Fausto se
preguntaba cuánto tiempo tomaría que sus cuerpos entraran en equilibrio térmico
manteniéndose en contacto sólo de esa forma. No te tenía mucha experiencia
besando, podía saberlo cuando llegó a sentir los incisivos de la joven.
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