Fausto esperaba en la parada, todavía no salía el sol, las corrientes
de aire frío rozaban sus miembros y el que respiraba se dejaba sentir por toda
su tráquea; no sacaba las manos de los bolsillos, no le gustaba tener las manos
frías, era algo que alguien como él no podía soportar, era casi un augurio de
mala suerte tener los dedos tiesos. Había transcurrido casi una hora y media
desde que se había despertado, le gustaba tener tiempo para desayunar en paz,
prepararse de a rápido un pequeño lunch y mirar un ratito la tele, no le
gustaba bañarse en las mañanas, siempre lo hacía por las noches, la razón era
para no despertar por completo (tampoco encendía más de una luz ni ponía más de
una alarma); aun estando en el exterior, de pie en el rígido concreto y con
ganas de sentarse, no había despertado por completo, era igual que estar en una
noche de invierno sentado en su sillón cubierto con la más cómoda y cálida de
sus cobijas tomando café caliente sopeando un pan de dulce mientras dejaba
encendida la tele para verla mas no observarla; el sopor se producía con el
frío casi con la misma facilidad que con la calidez, aunque se trataba de otro
tipo de sopor, era un especie de anhelo timorato, como desear la quietud de la
muerte, y mientras ninguna distracción lo acosara, Fausto podía abstraerse en
sus pensamientos para siempre (sí, podría seguir así por la eternidad si fuera
posible que nadie le hablara, ni saliera nunca el sol, ni le diera hambre y
sed); por fin pasó el STU. Entró. Tomó asiento. Por fin. Si puede haber un
lugar mejor para dormir que en la cama, seguramente sería en los asientos del
STU, no de otro transporte, del STU, en cualquier otro lo atormentaría el miedo
de que lo asaltaran o lo bolsearan mientras se quedaba jetón, aquí sólo habían
universitarios, todos gente lo suficientemente autorrealizada para no necesitar
robar y lo suficientemente maduros para no hacerlo porque sí; a medida que el
camión arrancaba, sus ligeras sacudidas provocadas por pasar sobre las
irregularidades del camino mecían dulcemente a Fausto, pero antes de dormirse,
sacó sus audífonos de su mochila, el cable auxiliar de su estuche de lentes (se
trataban de unos audífonos de diadema que necesitaban uno de esos), y se los
puso (luego de guardar sus lentes en su estuche dentro de su mochila), los
conectó a su celular, entró a la lista de reproducción, y le dio play, las
canciones continuaron donde se habían quedado el día anterior; la música de
Fausto no pasaba de los dos gigas, la verdad era que él nunca tuvo problemas
para elegirla, debido a que nunca tuvo que hacerlo: siempre que en alguna serie
escuchaba una canción particularmente agradable la descargaba cuando ya se
había encariñado con ella, así no se aburría jamás. Nunca se daba cuenta cuando
caía dormido, tampoco notaba cuando se despertaba, pero casi siempre lo hacía a
tiempo para espabilar (aún si se pasaba, nunca era por más de una parada, y en
caso de que llegara a acaecerle tampoco había problema, no podía llegar muy
lejos dentro de C.U.), entonces le ponía pausa a la reproducción, se quitaba
los audífonos, desconectaba el cable de ambos extremos y lo guardaba en el
bolsillo de su chamarra (que después se la ataba a la cintura); esperaba hasta
llegar al salón para volver a ponerse los lentes, quería que la esperanza del
sueño le durara un poco más.
miércoles, 26 de agosto de 2015
lunes, 24 de agosto de 2015
Cuando salían y dirigíanse a su próximo salón (ambos a DHTIC’s) hablando
de los poderes de Gambit (aquellos que le permitían convertir la energía potencial
de los objetos a energía cinética), se encontraron con Patty, quien caminaba
dando brincos de bailarina, mientras se aproximaban, Miguel notó que ella
seguía con la mirada a Fausto, cuando cruzaron caminos finalmente le dijo:
–Nos vemos mañana gruñón.
–¿Conoces a Patty? –preguntole Miguel–.
–Algo así, ¿por qué?, espera, ¿cómo es que tú la conoces? –inquirió
una vez que ella había pasado de largo–.
–Ella tiene cierta fama difundida en la facultad, de hecho, creo que
es reconocida en varios lugares en C.U.
–¿Cómo está eso?
–Tiene la fama de hacer las mejores fiestas, nadie sabe cómo le hace,
pero siempre recauda los fondos para rentar un salón y organizar taquizas, o
bailes con DJ’s, o mojadas, una vez trajo una banda de rock.
–jajaja (justo cuando creí que no podía ser más frívola –pensó–).
–Creo que tiene amigas en derecho, cultura física, arquitectura,
biología e ingeniería.
–¿Cómo sabes todo eso?
–No sólo yo, muchos también conocen estos pormenores, te digo que su
reputación la precede; también, por alguna razón ella distingue a cada persona
que ve pasar.
–¿Se sabe tu nombre?
–Sí, me ha saludado algunas veces, no sé quién se lo habrá dicho.
–¿Entonces sí es cierto que conoce a todos aquí?
–No sé, probablemente, ¿ella te dijo eso?
–Sí –respondió con cierto encogimiento al darse cuenta que ahora sabía
más de ella de lo que le hubiera gustado saber–.
–Aunque es la primera vez que la escucho dirigirse a alguien con un
sobrenombre.
–¿Ah sí?
–Sí, ¿se traen algo entre ustedes? –preguntó al notar cierta displicencia
por parte de Fausto–.
–No, nada –respondió–.
jueves, 20 de agosto de 2015
–¡Dime que ahora tienes clase con Estrada García!
Fausto sacó una vez más su horario del bolsillo trasero.
–… (gruñido), sí.
–¡Woo hoo!, ¡estaremos juntos todo el lunes, viernes y mitad del
jueves!, oh, oh, ¿qué día metiste registro?
–El miércoles.
–¡¿Qué?!, ¡¿Estás loco?!, ¡¿Qué estabas pensando?!, es mucho mejor
empeorar el lunes que arruinar el miércoles, ¿qué te pasa?
–La verdad me daba igual, lancé una moneda para decidir.
–¡Eres un irresponsable!, ¡no puedes tomar decisiones tan importantes
y significativas tan a la ligera!, dime, ¿también escogiste tu carrera con el
mismo método? –éste comentario había logrado frustrar a Fausto–
–Eso se trata claramente de un tipo de decisión completamente distinto.
–¿En qué se diferencia?, dime –dijo Patricia sin notar que Fausto no
se daba cuenta de que sólo estaba jugando–.
–¡Tomar una materia el lunes o el miércoles
tendrá tanto impacto en tu vida como ir a cagar a las dos o a las tres!, la
decisión de tu carrera es el resultado de un largo proceso de
autorreconocimiento y reflexión, es algo que dice quién eres e influirá en tu
persona de formas más allá de … –se estaba dejando llevar–, (gruñido), en fin –Patty
había quedado conmocionada por la actitud que habían tomado hacia ella y dejó
que Fausto se adelantara unos pasos–, ¿tú sí decidiste tu carrera lanzado una
moneda? –preguntó volteándola a ver–.
miércoles, 19 de agosto de 2015
Fausto caminaba por el pasillo cuando alguien lo llamó con un toque de
hombro, volteó y al no ver a nadie se dio cuenta que había caído en la infame
broma, también había adivinado quién era la perpetradora.
–¡Fausto! –saludó la chica de las pistolas–
–Hola
–¡Mucho gusto! –dijo mientras le extendía el brazo, Fausto
correspondió el saludo sólo por cortesía, cuando hubo estrechado su mano, la
chica la tomó con la otra y la sacudió usando las dos– me llamó Patricia,
estudio física, tengo 18 años y medio y mi color favorito es el rosa –en este
punto soltó su mano–, dime, ¿qué te trae a la mañana tardero?
–¿Cómo sabes que sólo había metido materias en la tarde?
–¡Conozco a todos acá!, cuando te vi por primera vez me sobresalté
bastante, pensé “oh Dios mío, ¿qué acaba de pasar?, acabo de ver a un chico que
no había visto antes, ¿qué sucede conmigo?, ¿cómo es posible que en un año de
estancia en esas instalaciones haya pasado por completo de un sujeto?”, pero –en
este punto Fausto comenzó a caminar al salón donde era su siguiente clase, con
Patricia siguiéndolo– entonces me di cuenta, ¡eso era imposible!, la única
explicación lógica posible era que provenías de la tarde, ¡y ahora que me lo
has confirmado no cabe ninguna duda!, pero hey, no has respondido mi pregunta.
–… ; … no tengo una razón específica…
–¡Mientes! –esta declaración sobrecogió a Fausto–, evitaste mi mirada viendo
a tu izquierda, eso quiere decir que querías esconder algo que recordaste en
ese mismo momento –Fausto quedó abatido, no podía defenderse ni renegar un
argumento que tenía un sustento científico (él conocía ese ápice del lenguaje
corporal)–, pero está bien, respeto tu intimidad, a menos que sí quieras
contarme.
Fausto contemplo el rostro de Patricia, era, a todas luces evidente
que quería escuchar su motivo, esto le dio un poco de gracia, su rostro
simplemente lucía demasiado pueril.
–No, lo siento.
lunes, 17 de agosto de 2015
–¡Es perfecto! –declaró apresuradamente Patricia–.
–No lo sé Patty –cuestionó insegura Fátima–.
–Vamos Fati, es una oportunidad de oro, si no la aprovechas puede que
nunca se te presente otra oportunidad así, porque el destino podrá pensar “Oh,
esa Fátima es una malagradecida, no merece nuestros favores”, ¡imagina que algo
así pase!, no, no, de ningún modo, es por eso que debes aceptar Fati, ¡quién
sabe qué desastres en tu futuro podrías ocasionar si no lo haces!
–Tranquila Patricia –intervino Teodora–, es sólo un chico.
–¡Precisamente!, ¡ningún otro chico se había interesado en Fati!, si
deja pasar esa oportunidad puede que nunca llegue a gustarle a nadie más.
–No sé si quiero un novio en estos momentos Patty –defendiose Fátima–.
–Exacto –enfatizó Petra, en el característico acento de su familia–,
no creo que sea una buena idea dejar a Fátima en manos de un lolicon.
–Creo que esta vez estoy de acuerdo con Petra –intervino Romina–,
Fátima no necesita a alguien que le diga todo el tiempo qué hacer, ella es como
un canario, si aceptara la invitación que le hicieron como si la aprisionaran
en una jaula.
–Gracias por su ayuda chicas, creo que ya quedó claro –espetó Fátima
algo incómoda de que comenzaran a hablar así de ella–
–Perdónenme si difiero –dijo Patricia–, pero ¡¿Cómo pueden estar
diciendo eso?!, ¡un novio es lo mejor que a una le puede pasar en la vida!,
después del pastel claro, digo, ¿quién no querría tener a alguien siempre
dispuesto a hacer lo que sea por ti?, sólo piénsenlo, ya no tendrían que gastar
en dulces y confeti, él se los compraría por ustedes, ya no tendrían que
preocuparse si un día no las despierta su alarma, él lo haría con todas sus
llamadas matutinas, ¿no les gustaría levantarse y lo primero que oyeran fuera “¿cómo
dormiste angelito?” o “¿descansó mi princesa?”?, o Dios, ¡Fati, tienes que
aceptar!
–Creo que todo lo que dices del tema es en realidad lo que quisieras
para ti Patty –aclaró Teodora–.
–Por cierto, ¿no creen que Renata ya se tardó con los jugos? –preguntó
Petra–
–¡Ya llegué chicas! –anunció Renata mientras se aproximaba corriendo–
–Hablando de la reina de Roma –comentó Romina–.
–Perdón por la tardanza, había mucha fila en la tienda, así que decidí
ir mejor a ingenierías, me apresuré a llegar y lo hice en tiempo récord, pero había
aún más gente, así que regresé y lo hice en un santiamén, y por suerte, en el
corto tiempo que duró mi viaje se había terminado de despachar a la bola de nerds
que no decidían qué comprar.
Mientras Renata contaba su pato-aventura repartió los jugos a sus
amigas.
–¿No habría sido más fácil quedarte a esperar aquí desde un principio?
–cuestionó Petra–.
–¡Ha!, por favor, un espíritu olímpico como el mío no está hecho para
esperar.
–Espero que te des un buen baño cuando llegues a casa –solicitó Romina–.
–Cuenta con eso Romi, hoy tocaba de por sí baño –aclaró antes de darle
el primer sorbo a su del valle de durazno–, por cierto, ¿qué era eso que
querías contarnos Fati?
–Ah, en realidad ya se lo conté a todas, si quieres te lo explico de
regreso a casa.
–Sí, y cuando lo haga asegúrate de decirle la gran oportunidad que
podría desperdiciar –dijole Patricia–.
Petra, Romina, Patricia, Renata y Fátima eran amigas desde la
preparatoria, las 4 primeras iban en segundo y Fátima en tercero (sus edades en
ese entonces eran de 17, 16, 15 y medio, 17 y 18) cuando Teodora entró en
primer año (estaba por cumplir los 16), al principio era algo antipática y no
hacía otra cosa más que estudiar, fuera de clases, el mayor tiempo que estaba
en la escuela lo pasaba en la biblioteca, ahí conoció a Renata y el resto es
historia, las 6 se hicieron amigas con el paso gradual del tiempo; 3 años
después, tuvieron la fortuna de estudiar en C.U., todas una carrera distinta,
pero en el mismo lugar a fin de cuentas. Cada cierto periodo de tiempo
organizaban una tardeadita o un pequeño picnic, a veces las acompañaba Sid, el
hermano menor de Teodora, quien secretamente (en realidad se trataba de un
secreto a voces) estaba enamorado de Romina a pesar de que ésta era cuatro años
mayor que él. Era un viernes por la tarde, el primero del cuatrimestre, un
maravilloso día para las amigas; el fin de semana transcurriría con normalidad
para todas, el lunes siguiente sería cuando ocurriera lo interesante.
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