lunes, 17 de agosto de 2015



–¡Es perfecto! –declaró apresuradamente Patricia–.
–No lo sé Patty –cuestionó insegura Fátima–.
–Vamos Fati, es una oportunidad de oro, si no la aprovechas puede que nunca se te presente otra oportunidad así, porque el destino podrá pensar “Oh, esa Fátima es una malagradecida, no merece nuestros favores”, ¡imagina que algo así pase!, no, no, de ningún modo, es por eso que debes aceptar Fati, ¡quién sabe qué desastres en tu futuro podrías ocasionar si no lo haces!
–Tranquila Patricia –intervino Teodora–, es sólo un chico.
–¡Precisamente!, ¡ningún otro chico se había interesado en Fati!, si deja pasar esa oportunidad puede que nunca llegue a gustarle a nadie más.
–No sé si quiero un novio en estos momentos Patty –defendiose Fátima–.
–Exacto –enfatizó Petra, en el característico acento de su familia–, no creo que sea una buena idea dejar a Fátima en manos de un lolicon.
–Creo que esta vez estoy de acuerdo con Petra –intervino Romina–, Fátima no necesita a alguien que le diga todo el tiempo qué hacer, ella es como un canario, si aceptara la invitación que le hicieron como si la aprisionaran en una jaula.
–Gracias por su ayuda chicas, creo que ya quedó claro –espetó Fátima algo incómoda de que comenzaran a hablar así de ella–
–Perdónenme si difiero –dijo Patricia–, pero ¡¿Cómo pueden estar diciendo eso?!, ¡un novio es lo mejor que a una le puede pasar en la vida!, después del pastel claro, digo, ¿quién no querría tener a alguien siempre dispuesto a hacer lo que sea por ti?, sólo piénsenlo, ya no tendrían que gastar en dulces y confeti, él se los compraría por ustedes, ya no tendrían que preocuparse si un día no las despierta su alarma, él lo haría con todas sus llamadas matutinas, ¿no les gustaría levantarse y lo primero que oyeran fuera “¿cómo dormiste angelito?” o “¿descansó mi princesa?”?, o Dios, ¡Fati, tienes que aceptar!
–Creo que todo lo que dices del tema es en realidad lo que quisieras para ti Patty –aclaró Teodora–.
–Por cierto, ¿no creen que Renata ya se tardó con los jugos? –preguntó Petra–
–¡Ya llegué chicas! –anunció Renata mientras se aproximaba corriendo–
–Hablando de la reina de Roma –comentó Romina–.
–Perdón por la tardanza, había mucha fila en la tienda, así que decidí ir mejor a ingenierías, me apresuré a llegar y lo hice en tiempo récord, pero había aún más gente, así que regresé y lo hice en un santiamén, y por suerte, en el corto tiempo que duró mi viaje se había terminado de despachar a la bola de nerds que no decidían qué comprar.
Mientras Renata contaba su pato-aventura repartió los jugos a sus amigas.
–¿No habría sido más fácil quedarte a esperar aquí desde un principio? –cuestionó Petra–.
–¡Ha!, por favor, un espíritu olímpico como el mío no está hecho para esperar.
–Espero que te des un buen baño cuando llegues a casa –solicitó Romina–.
–Cuenta con eso Romi, hoy tocaba de por sí baño –aclaró antes de darle el primer sorbo a su del valle de durazno–, por cierto, ¿qué era eso que querías contarnos Fati?
–Ah, en realidad ya se lo conté a todas, si quieres te lo explico de regreso a casa.
–Sí, y cuando lo haga asegúrate de decirle la gran oportunidad que podría desperdiciar –dijole Patricia–.
Petra, Romina, Patricia, Renata y Fátima eran amigas desde la preparatoria, las 4 primeras iban en segundo y Fátima en tercero (sus edades en ese entonces eran de 17, 16, 15 y medio, 17 y 18) cuando Teodora entró en primer año (estaba por cumplir los 16), al principio era algo antipática y no hacía otra cosa más que estudiar, fuera de clases, el mayor tiempo que estaba en la escuela lo pasaba en la biblioteca, ahí conoció a Renata y el resto es historia, las 6 se hicieron amigas con el paso gradual del tiempo; 3 años después, tuvieron la fortuna de estudiar en C.U., todas una carrera distinta, pero en el mismo lugar a fin de cuentas. Cada cierto periodo de tiempo organizaban una tardeadita o un pequeño picnic, a veces las acompañaba Sid, el hermano menor de Teodora, quien secretamente (en realidad se trataba de un secreto a voces) estaba enamorado de Romina a pesar de que ésta era cuatro años mayor que él. Era un viernes por la tarde, el primero del cuatrimestre, un maravilloso día para las amigas; el fin de semana transcurriría con normalidad para todas, el lunes siguiente sería cuando ocurriera lo interesante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario