Fausto caminaba por el pasillo cuando alguien lo llamó con un toque de
hombro, volteó y al no ver a nadie se dio cuenta que había caído en la infame
broma, también había adivinado quién era la perpetradora.
–¡Fausto! –saludó la chica de las pistolas–
–Hola
–¡Mucho gusto! –dijo mientras le extendía el brazo, Fausto
correspondió el saludo sólo por cortesía, cuando hubo estrechado su mano, la
chica la tomó con la otra y la sacudió usando las dos– me llamó Patricia,
estudio física, tengo 18 años y medio y mi color favorito es el rosa –en este
punto soltó su mano–, dime, ¿qué te trae a la mañana tardero?
–¿Cómo sabes que sólo había metido materias en la tarde?
–¡Conozco a todos acá!, cuando te vi por primera vez me sobresalté
bastante, pensé “oh Dios mío, ¿qué acaba de pasar?, acabo de ver a un chico que
no había visto antes, ¿qué sucede conmigo?, ¿cómo es posible que en un año de
estancia en esas instalaciones haya pasado por completo de un sujeto?”, pero –en
este punto Fausto comenzó a caminar al salón donde era su siguiente clase, con
Patricia siguiéndolo– entonces me di cuenta, ¡eso era imposible!, la única
explicación lógica posible era que provenías de la tarde, ¡y ahora que me lo
has confirmado no cabe ninguna duda!, pero hey, no has respondido mi pregunta.
–… ; … no tengo una razón específica…
–¡Mientes! –esta declaración sobrecogió a Fausto–, evitaste mi mirada viendo
a tu izquierda, eso quiere decir que querías esconder algo que recordaste en
ese mismo momento –Fausto quedó abatido, no podía defenderse ni renegar un
argumento que tenía un sustento científico (él conocía ese ápice del lenguaje
corporal)–, pero está bien, respeto tu intimidad, a menos que sí quieras
contarme.
Fausto contemplo el rostro de Patricia, era, a todas luces evidente
que quería escuchar su motivo, esto le dio un poco de gracia, su rostro
simplemente lucía demasiado pueril.
–No, lo siento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario